El superproblema del Superyó – Juan José Ipar

(Viene de: El problema de la libertad en Kant y Freud. La elección de la neurosis y la elección del objeto.)

El superproblema del Superyó

Es una de las tres instancias que conforman el aparato psíquico en la llamada segunda tópica, que Freud expone en El yo y el Ello, texto de 1923, aun cuando la idea de que una instancia moral juzgalos pensamientos y acciones del sujeto está presente prácticamente desde el comienzo de su obra. Freud plantea -y Lacan más tarde confirma- que el Superyó tiene su fundamento en una identificación con el padre. Años después, Melanie Klein insistirá en los orígenes maternos de lo que llama Superyó arcaico. En principio, se trata de una voz y, en tanto tal, pertenece al orden simbólico, en contraposición al estatuto imaginario del yo. Esto supone una primera dificultad, a saber, la de cómo se justifica la índole simbólica del Superyó siendo la identificación un proceso eminentemente imaginario. En tanto que voz, decíamos, el Superyó tiene que ver con la ley y tanto Freud como Lacan 85 relacionan la ley y el Superyó con el Imperativo categórico kantiano y conciben sus exigencias como un mandamiento insensato y tiránico. Lacan avanza un poco más y declara que el mandato expresado en el Imperativo categórico superyoico es, nada más ni nada menos, que “¡Goza!”. Es el Otro quien ordena gozar y este mandato no expresa en modo alguno la voluntad personal del sujeto sino la voluntad de goce del Otro. Podemos preguntarnos quién se esconde detrás de ese Otro y deberemos coincidir en que no se trata sino del Urvater, reciclado y reconvertido ahora en referente último de la moralidad. Así pues, el Superyó podría ser visto casi como una invención sadiana, una especie de Genio maligno en el campo moral, que torcería mi comprensión de la ley y me forzaría a obrar siempre en contra de la ley moral. Queda como resultado, pues, otra paradoja, la de que el Superyó mandaría a la vez obedecer y quebrantar la ley moral.

Unos diez años después de El yo y el ello, en las Nuevas Conferencias Introductorias al Psicoanálisis, en la conferencia 31 que lleva por título La disección de la personalidad psíquica 86, Freud vuelve sobre la cuestión del Superyó y traza una especie de genealogía de su propia concepción de dicha instancia psíquica que aquí examinaremos con cierto detalle. Comienza diciendo que su investigación (Untersuchung) parte del hecho de que “el yo puede tomarse (nehmen) a sí mismo como objeto (Objekt), tratarse a sí mismo como otro objeto, observarse, criticarse, [y] Dios sabe cuántas otras cosas… En todo ello, una parte del yo se enfrenta al resto” 87. Este enfrentamiento del yo consigo mismo es posible debido a que tiene una cualidad especial: la de disociarse fácilmente en forma transitoria y luego volver a unir (vereinigen) sus fragmentos nuevamente 88 89. A continuación, hace Freud una larga comparación entre un cristal roto y ciertos enfermos mentales, los que padecen delirios de observación (Beobachtungswahn). La rotura del cristal no es azarosa, sino que sigue ciertas líneas de fractura (Spaltrichtungen) que, si bien son invisibles para nosotros, podrían hacer que la fragmentación fuese perfectamente predictible. En cuanto a los delirantes, dice que “se han apartado de la realidad exterior, pero por ello saben más de la realidad psíquica interior y pueden descubrir cosas que de otro modo serían inaccesibles para nosotros” 90. Y se pregunta retóricamente qué pasaría si estos dementes tuvieran razón y todos tuviéramos una instancia vigilante y amenazadora, que en estos pacientes se ha separado francamente del yo y erróneamente ha sido desplazada a la realidad exterior? 91.

En verdad, es un oscuro proceso el de la gestación del Superyó, ya que comienza con un yo con facilidad para desdoblarse y reunirse y termina con una instancia interior completamente separada con funciones propias y, un paso más, agrega Freud que esta separación de una instancia observadora del resto del yo no sería ningún accidente desgraciado sino “un rasgo regular de la estructura del yo”92. En estos pacientes delirantes, se vería con claridad las funciones superyoicas aludidas: observar (beobachten), juzgar (richten) y castigar (strafen). La observación tiene el carácter de una preparación (Vorbereitung) de las otras dos, las cuales no se manifiestan en los delirios de observación pero sí en los de persecución (Verfolgungswahn). Lo que Freud nos dice es que lo que estaría oculto e inaccesible en los sujetos neuróticos estaría a la vista en los delirantes, del mismo modo que, como lo dice en otros escritos 93, la perversión nos da la clave para comprender la sexualidad de los neuróticos, pues en ella está “a cielo abierto” lo que se encuentra soterrado en las neurosis. Quizá fuese más cauto no ir tan lejos dando por seguro lo que no podremos jamás demostrar y afirmar que lo que aflora en las perversiones y en las psicosis son manifestaciones que pueden, a lo sumo, dar una pista seguramente deformada de la trastienda y la prehistoria de la subjetividad. Acaso sea un poco gratuito sostener que la voz de la conciencia de los neuróticos tiene un antecedente o prototipo en las voces -alucinaciones auditivas- de los psicóticos, aunque no verlos como relacionados tal vez sea una tentación difícil de resistir. Freud mismo supone un oyente burlón que le pregunta si lo que está haciendo no es más que “tomar al pie de la letra abstracciones corrientes y amplificarlas, convirtiéndolas de conceptos de cosas” 94. Pero no se arredra por la observación crítica que él mismo se hace y continúa su exposición. Su consigna: Ich setze fort 95.

El Superyó no sólo está separado del yo sino que hasta “posee una energía independiente del yo”, aunque no especifica de dónde la obtiene, y describe una patología, el acceso melancólico (melancholische Anfall), en el cual se puede observar la severidad (Strenge) y aun la crueldad (Grausamkeit) de esta instancia. El Superyó aplica un rigurosísimo criterio moral al yo, inerme a merced suya, se convierte en representante de la moralidad y de tal modo se nos revela que nuestro sentimiento de culpabilidad es expresión de la pugna entre el yo y el Superyó” 96. En el párrafo siguiente Freud recuerda un dicho de Kant, que sostenía que “nada le probaba tan convincentemente la grandeza de Dios como el firmamento estrellado y nuestra conciencia moral” 97, bien que pareciera que Dios ha hecho un trabajo negligente porque, para Freud, la gran mayoría de la humanidad posee muy poca o ninguna conciencia moral. Concede que, sin embargo, existe cierta verdad psicológica en la afirmación de que la conciencia moral es de origen divino, pero es preciso someterla a interpretación. Al contrario de la sexualidad, la conciencia moral no está dada desde un principio y la prueba es que los niños pequeños no tienen inhibición alguna para sus impulsos tendientes a la consecución de placer. Las funciones del Superyó están inicialmente a cargo de los padres (amenaza de castigos y de pérdida de amor) y suscita en el infantil sujeto una angustia real (Realangst), la cual será sustituida por la angustia de conciencia (Gewissensangst). Más adelante,“la inhibición exterior es internalizada, siendo sustituida la instancia parental por el Superyó” 98, el cual “no es tan sólo el sucesor legal sino también el heredero legítimo de la instancia parental” 99. Ya quí se enfrenta Freud a una nueva paradoja: el Superyó ha hecho una “selección unilateral”(einseitiger Auswahl) y se apropia sólo de “la dureza y el rigor de los padres, mientras que su amoroso cuidado no parece tener en él acogida o continuación” 100.

En un pasaje paralelo de Malestar en la cultura VIII, también habla de la severidad de los preceptos y prohibiciones del Superyó y del “mayor obstáculo con que tropieza la cultura que es la tendencia constitucional de los hombres a agredirse mutuamente” y agrega que recientemente se ha sumado un mandato amoroso cultural al Superyó, que es el cristiano “Amarás al prójimo como a ti mismo” 101: Así pues, lo que parece ser la función básica del Superyó es volver esa violencia constitucional contra el sujeto o, más precisamente, contra el yo y condenarlo a privaciones y reconvenciones sin fin, razón por la cual es harto comprensible que muchos pensaran junto con Freud que el mayor obstáculo con que tropieza el análisis es, irónicamente, el Superyó y que buena parte del trabajo analítico debía enderezarse amorigerar a esta tiránica instancia. Más abajo volveremos sobre este malentendido.

La paradoja de la selección unilateral que venimos de mencionar se complementa con la contradicción (Widerspruch) de que el Superyó de un niño que haya tenido padres indulgentes y bondadosos puede ser tanto o más inflexible que el de uno que haya tenido padres extremadamente rigurosos 102. Y pasa a ocuparse del tema de la identificación que está a la base del Superyó, no sin antes disculparse por no haber penetrado suficientemente aun en esta transformación (Umwandlung) de la relación con los padres (Elternbeziehung) en el Superyó, proceso tan complicado que su exposición (Darstellung) excede la Introducción que está intentando. Describe qué es una identificación: es la “equiparación de un yo a otro yo ajeno, a consecuencia de la cual el primer yo se comporta, en ciertos aspectos, como el otro, le imita y, en cierto modo, le acoge en sí” 103. Compara la identificación con la incorporación canibalística y la caracteriza como el más primitivo modo de relación con otra persona, previo a la elección de objeto. Identificarse con el padre es querer ser como el padre, pero elegirlo como objeto, en cambio, es querer tenerlo y mientras la identificación supone una transformación del yo, ello no ocurre en el caso de la elección de objeto, aunque bien puede pasar que uno elija a una persona como objeto sexual y se identifique simultáneamente con ella. Ello ocurre especialmente en las mujeres, que se ven muy influidas por sus objetos elegidos y también es muy común ver que cuando un objeto es perdido, el sujeto retrocede a la identificación con él.

Vuelve Freud a disculparse: tampoco a él le agradan estas observaciones o explicaciones (Ausführungen) sobre la identificación y se conforma con que se le conceda que la instauración del Superyó pueda ser descripta como “un caso plenamente conseguido de identificación con la instancia paternal” 104, cosa que liga al Superyó a los destinos (Schicksal) del complejo de Edipo y recuerda su fórmula según la cual el Superyó es el heredero del complejo de Edipo. En esa coyuntura, el niño pierde a sus padres como objetos amorosos y dicha pérdida es seguida, a modo de compensación (Entschädigung) por una fuerte identificación con ellos. Tenemos, entonces, una secuencia intrincada: primero identificación, luego elección de objeto con identificación con el objeto parental elegido y/o con el no elegido y complementario, y, finalmente, nueva identificación como indemnización por la pérdida del objeto parental elegido. Como corolario, cuando la resolución del Edipo es débil, el Superyó pierde en energía y desarrollo 105, cosa que parece sugerir que es bueno tener un Superyó energético y desarrollado. ¿Porqué después combatirlo? Como sea, el Superyó recibe la influencia de otras personas fuera de los padres y “se hace cada vez más impersonal (unpersönlicher)”, aunque, a renglón seguido, agrega que las identificaciones posteriores aportan lo suyo a la formación del carácter (Charakterbildung) y que afectan sólo al yo sin influir sobre el Superyó, “determinado por las imagos parentales más tempranas” 106, lo cual implicaría que, mientras el yo se enriquecería indefinidamente, el Superyó restaría infantil por siempre, lo cual, a su vez, volvería inútil todo intento por “hacerlo madurar”, como se insistía en los’60. Y termina Freud este largo pasaje manifestando la esperanza de haber logrado producir la impresión (Eindruck) – ninguna certeza está en juego, por cierto- de que esta postulación (Aufstellung) del Superyó describe algo estructural – del aparato psíquico, se sobrentiende- y que no se limita a personificar una abstracción como la conciencia moral. Y culmina este último párrafo destacando una función extra del Superyó, la de ser portador (Träger) del ideal del yo (Ichideal), que es un precipitado (Niederschlag) de una vieja representación de los padres (Elternvorstellung) que expresa la admiración (Bewunderung) del niño ante la perfección que entonces les atribuía.

Notas:

85 Seminario de 1962.

86 Die Zerlegung der psychischen Persönlichkeit. Usamos la edición alemana de Studien Ausgabe, Band I, p 497 y ss.

87 Das Ich kann sich selbst zum Objekt nehmen, sich behandeln wie andere Objekt, sich beobachten, kritisieren, Gott wei was noch alles mit sich selbst anstellen. Dabei stellt sich ein Teil des Ichs dem übrigen gegenüber.

88 Das Ich ist also spaltbar, es spaltet sich whärend mancher seiner Funktionen wenigstends vorübergehend. Die Teilstücke können sich nachher wieder vereinigein. (p 497)

89 Nótese que el yo tiene facilidad tanto para la disociación (Sonderung) como para la reunión (Vereinigung) de sus fragmentos.

90 Sie haben sich von der aü eren Realität abgewendet, aber eben darum wissen sie mehr von die inneren, psychischen Realität und können uns manches verraten, was uns sonst unzugänglich wäre.

91 Wie wäre es, wenn diese Wahnsinnigen recht hätten, wenn bei uns allen eine solche beobachtende und strafandrohende Instanz im Ich vorhanden wäre, die sich bei ihnen nur scharf vom Ich gesondert hätte und irrtümlicherweise in die aübere Realität verschoben worden wäre?

92 …ein regelmäiger Zug in der Struktur des Ichs… (p 498)

93 Tres ensayos (1905).

94  …darauf hinausläuft, gebräuchliche Abstraktionen wörtilch zu nehmen und zu vergröbern, sie aus Begriffen in Dinge zu verwandeln,… (p 499)

95 Literalmente, “yo avanzo, sigo adelante”

96 Das Über-Ich legt den strengsten moralischen Mastab an das ihm hilflos preisgegebene Ich an, es verttrit ja überhaupt den Anspruch der Moralität, und wir erfassen mit einem Blick, da unser moralischer Schuldgefühl der Ausdruck der Spannung zwischen Ich und Über-Ich (p 499/500).

97 In Anlehnung an einen bekannten Ausspruch Kants, der das Gewissen in uns mit dem gestirnten Himmel zusammenbringt, könnte ein Frommer wohl versucht sein, diese beiden als die Meisterstücke der Schöpfung zu verehren (p 500).

98 …, da die auere Abhaltung verinnerlicht wird, da an die Stelle der Elterninstanz das Über-Ich tritt… (p 501)

99 …, ist aber nicht nur der Rechtsnachfolger, sondern wirklich der legitime Leibeserbe derselben. (p501)

100 Das Über-Ich scheint in einseitiger Auswahl nur die Härte und Strenge der Eltern, ihre verbietende und strafende Funktion aufgegriffen zu haben, während deren liebevolle Fürsorge keine Aufnahme und Forsetzung findet. (p 501)

101 Biblioteca Nueva, p 3066.

102 Otra paradoja señalada por Freud es la de que cuanto más virtuosa es una persona, tanto más castigador será su Superyó y ello se explicaría diciendo que la renuncia neurótica no suprime el deseo y que esto es lo que castigaría el Superyó: la pervivencia del deseo. El Superyó, por tanto, no distinguiría entre un deseo meramente deseado y un deseo realizado. En Juanito (1909), Freud

103 Die Grundlage dieses Vorganges ist eine sogennente Identifizierung, d.h., eine Angleichung eines Ichs an ein fremdes, in deren Folge dies erste Ich sich in bestimmten Hinsichten so benimmt wie das andere, es nachahmt, gewissermaMen in sich aufnimmt (p 501).

104  …, da die Einsetzung des Über-Ichs als ein gelugener Fall von Identifizierung mit der Elterninstanz beschrieben werden kann (p 502).

105 Biblioteca Nueva, p 3137. Studien Ausg., I, p 502/3.

106 Biblioteca Nueva, p 3137, Studien Ausg., I, p 503.

Juan José Ipar

Todos los derechos reservados

Autor: Juan José Ipar

Podrán leerme en el blog: "Veleidades de Verdad - Divagaciones teóricas de un psicoanalista."

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